Se topó en la tribuna con el hombre que mató a su hermano; lo tiraron y ahora agoniza

Emanuele Balbo, de 22 años, está internado en coma profundo; su padre denunció que el acusado de haber arrollado a otro de sus hijos fue con varios más a darle una paliza; ya hay dos detenidos.

 

Más de cien personas esperan en la puerta del Hospital de Urgencias. Están Raúl y Alejandra -los padres de Emanuele Balbo-, familiares, amigos e hinchas de Belgrano. El parte médico de las 18 es angustiante: retirada la medicación con la que se le indujo el coma, el joven no reacciona a los estímulos.

Así están desde ayer, cuando, apenas comenzado el entretiempo del superclásico cordobés, varios sujetos le dieron una paliza antes de que el joven, de 22 años, cayera al vacío en una de las bocas de acceso al estadio Mario Alberto Kempes. Si lo tiraron los que le pegaban o si fue el último intento de la víctima por evitar morir allí mismo por los golpes es motivo de investigación, al igual que el motivo de la agresión. Para la familia, sin embargo, está claro: el ataque lo encabezó el mismo que arrolló y mató al hermano de Emanuele hace cuatro años y medio.

La fiscal Liliana Sánchez, a cargo de la causa caratulada como “lesiones gravísimas”, ordenó la detención de tres sujetos. Anoche habían sido apresados dos: padre e hijo, identificados en las imágenes del ataque. La calificación del hecho puede pasar a “tentativa de homicidio, agravada por la ley de deportes”.

Hace 24 horas que la desesperación atraviesa a los Balbo. Como aquel 25 de noviembre de 2012, cuando murió un hermano de Emanuele, Agustín, de 14 años. Iba en una moto con un amigo (que también perdió la vida en el hecho) y fueron arrollados por dos autos que corrían una picada en el barrio Ampliación Ferreyra. En uno de esos coches iba Oscar “Sapo” Gómez. “Emanuele vivía eso con rencor, por la falta de justicia, pero no hacía nada. Esperaba, como todos nosotros”, apunta su padre. El juicio se hará este año.

El “Sapo”, según dijeron la familia de Emanuele y Lucas, el amigo que estaba con él en la cancha, es quien ordenó que lo golpearan.

“Es una pesadilla. Como que hay un Dios que fue él. Matar a Agustín, atropellar a otra chica, amenazar…” Raúl Balbo habla con LA NACION mientras intenta procesar las palabras de la médica que le informó el último parte. “Nos dijo que hay que esperar 12 horas más a ver qué pasa cuando no queden medicamentos en el cuerpo.”

A Alejandra, la mamá, la rodean amigas. Fuma con desesperación y quiere creer que habrá un milagro. Franco, el hermano de 20, está a unos metros. Lautaro, de 10, y Martín, de 4, están en la casa. El papá -hincha de Talleres- cuenta que le jugó cuatro kilos de asado a que los albiazules ganaban el clásico. “Nos fuimos con mi mujer a Bialet Massé, al cumpleaños de mi cuñado. Él salió para la cancha con Lucas, como siempre. ¡Qué va a ser hincha de la T! Ni un tatuaje tiene, nada. No estaba robando a nadie…”, repite a LA NACION, sin entender por qué tanta locura.

 

seguir-leyendo

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s