Modesto acto de CGT adelanta cuenta regresiva del triunvirato

Más ausentes que presentes de la conducción. La convocatoria fue exprés, con un solo discurso. Lejos de la masividad de la marcha de marzo y del paro de abril, la central conmemoró el Día del Trabajador a puertas cerradas. Schmid pidió diálogo.

 

La CGT realizó ayer un despliegue modesto en el acto por el Día del Trabajador como capítulo final de un plan de protestas contra el Gobierno que había arrancado con mucho más empuje en marzo, con una movilización masiva, y al mes siguiente con un paro nacional. La concurrencia limitada y, sobre todo, la ausencia de dirigentes de peso de la central obrera, volvieron a sembrar incertidumbre respecto del futuro de la organización y le dieron aire a las versiones que dan cuenta de una reorganización de su estructura apenas superadas las elecciones de octubre.

El acto se realizó en el estadio de Obras y quedó acotado a un par de centenares de afiliados por cada uno de los gremios que integran el Consejo Directivo de la CGT, que completaron la capacidad esperada de 4 mil personas. Como había anticipado este diario tuvo como único orador al portuario Juan Carlos Schmid, miembro del triunvirato de conducción, quien ensayó un discurso crítico de la política económica del Gobierno pero carente de anuncios de nuevas medidas de fuerza o de advertencias a la administración de Mauricio Macri.

Incluso la duración fue reflejo de un encuentro que pareció más de compromiso que orientado a escarmentar al Ejecutivo por la falta de respuestas frente a los dos episodios anteriores de protesta. En apenas media hora los presentes habían cantado el himno nacional y Schmid, desplegado una alocución vehemente aunque seguida con frialdad por la concurrencia, más ocupada en prevalecer con los cánticos de sus respectivos gremios.

“Media población tiene dificultades para llegar a fin de mes, ¿quién carajo puede sostener que eso es viable en este momento de la historia?”, bramó el jefe del sindicato de Dragado y de la confederación de gremios del transporte (CATT). Schmid reclamó “un aumento de emergencia para jubilados; salario digno para los educadores; una argentina industrial”, así como un freno a las importaciones y un llamado al diálogo por parte del Gobierno: “nosotros somos parte de la solución y podemos nutrir la discusión”, aclaró.

De los 37 miembros del Consejo Directivo estuvieron en Obras Sanitarias apenas 15, entre los que se destacaban otro miembro del triunvirato, Héctor Daer; los tres Moyano dirigentes, Hugo (no subió al escenario), Pablo (ambos de Camioneros) y Facundo (diputado y saliente del sindicato de peajes); el anfitrión, José Luis Lingeri; Andrés Rodríguez (estatales, UPCN); Rodolfo Daer (Alimentación), y el municipal Amadeo Genta. El resto del escenario lo hegemonizó el moyanismo clásico: Omar Plaíni (canillitas), Julio Piumato (judiciales), Jorge Sola (seguros), Abel Frutos (panaderos) y Sergio Romero (docentes, UDA).

Las ausencias fueron tan notables como las presencias. Uno de los triunviros, Carlos Acuña, se excusó tras alegar que se había comprometido previamente a ir a un acto en La Matanza con Sergio Massa, aunque su líder gremial, Luis Barrionuevo tampoco estuvo- mira con recelo los últimos pasos de la CGT y está entre los que pronostican el fin del triunvirato tras las elecciones y una redefinición de la central sindical con una conducción diferente y la eventual incorporación de gremios que hoy permanecen afuera, como Smata (mecánicos), Luz y Fuerza y Unión Ferroviaria.

Tampoco estuvieron dirigentes clave del transporte público de pasajeros, en buena medida responsables de la contundencia del paro del 6 de abril, como Roberto Fernández (colectiveros, UTA) y Omar Maturano (maquinistas de trenes, La Fraternidad), ni el exjefe de CGT y líder de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló. Otro ausente fue Gerardo Martínez (albañiles, Uocra), aunque como ya es habitual interpuso un compromiso en el extranjero.

Lo edulcorado del acto guarda relación con una cadena de episodios que sacudió la interna de la organización. El primero, los incidentes que clausuraron la marcha del 7 de marzo pasado, masiva pero opacada por el reclamo de un puñado de concurrentes para que el triunvirato fijara la fecha de un paro, algo que no sucedió ese día. Luego, una reunión del Consejo Directivo el 20 de abril terminó con acusaciones cruzadas y pases de factura entre Héctor Daer y Facundo Moyano, que luego se extendió a otros gremialistas para dejar al descubierto rencores de antigua data y diferencias de estrategia actuales.

 

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