El horror de Florencia, la nena violada a la que nadie escuchó y terminó asesinada

Tenía 12 años y murió tras ser violada  por su padrastro, quien luego se ahorcó en prisión. Su madre está presa, acusada de haber sido “indiferente” a los hechos.

 

Tenía puesta una remera blanca, una campera azul y en el pie derecho llevaba una media con dibujitos. El resto de su cuerpo de 38,7 kilos yacía desnudo sobre la vegetación que bordea la ruta provincial N° 41, en El Saladillo, San Luis. La habían tirado debajo de un puente. A Florencia Di Marco (12) la violaron y la estrangularon. La Justicia puntana cree que su padrastro, que fue hallado ahorcado en la cárcel el 10 de mayo pasado, fue el asesino; que su mamá permitió los abusos y que no fue la única que calló. Según la causa, a la que tuvo acceso Clarín, en el colegio lo sabían: “Hay veces que mi papá me acaricia”, le había contado a una maestra. El abuelo materno de la chiquita lo intuía y hasta la madre del principal acusado lo sospechaba.

Ante esto, la titular del Juzgado en lo Criminal N° 3 de San Luis, Virginia Palacios, no sólo acusa a la madre porque “permaneció pasiva, inerte, indiferente al martirio al que era sometida su propia hija”. También le sugirió al fiscal mendocino, donde está la escuela “Florentino Ameghino”a la que iba Florencia en 2016, que investigue si la maestra y la directora incurrieron en el delito de “omisión de denuncia”.

La desaparición y el crimen de Florencia conmocionó a San Luis. Mientras su mamá, Carina Di Marco, permanecía internada porque acababa de dar a su luz a su cuarto hijo -el tercero de su relación con Lucas Gómez- a la chiquita se la tragó la tierra ese 22 de marzo que nunca regresó de la escuela “Rosario Simón”.

Era su padrastro y papá de sus hermanos de 9 y 3 años y de la recién nacida quien lloraba porque había ido al colegio a buscarla y ella no estaba. Pero Florencia no había ido a clase. Fue su cuerpo quien lo contó luego de que lo hallaran al día siguiente debajo del puente, a 55 kilómetros de su casa en la capital puntana.

Para los forenses, “vivió un calvario antes de morir”. El crimen fue entre las 4 y las 6 de la madrugada. Y había más, un dato cruel: lesiones que mostraban “habitualidad” sexual. Abusaban de ella.

Fue así que la jueza ordenó detener a Gómez por “abuso sexual con acceso carnal agravado y homicidio calificado criminis causa con alevosía y violencia de género”. Cuatro testigos lo ubicaron la noche del crimen cerca de El Saladillo en su Renault Megane. También lo filmaron las cámaras del peaje de paso a la zona donde se halló el cadáver; y las de una casa de un barrio cercano a la escuela donde apareció la mochila.

Según una pericia, en las horas previas al crimen, Gómez consumió 415 páginas porno y su celular dejó de funcionar entre las 3.19 y las 8.16 del 22 de marzo, la franja de la data de muerte.

Para entonces, la madre de Florencia era apuntada por la Justicia por los abusos que había sufrido la nena y la jueza mandaba una comisión a Mendoza, donde vivía la familia antes de mudarse a San Luis, para investigar cómo era su vida allí. Así surgirían los audios que pondrían sobre el tapete que en el colegio de Palmira sabían del padecimiento de la chiquita: “El infeliz del padrastro seguro tiene que algo que ver, porque cuando nosotros la teníamos, él la acariciaba”, se escuchaba decir a la maestra.

La jueza detuvo a la madre bajo el mismo cargo que a Gómez pero como “partícipe necesaria por omisión”. Según la causa, sabía de los abusos y no hizo nada. El informe psicológico sobre Di Marco habla de una mujer “con una marcada disociación emocional, carencia de resonancia afectiva, repliegue sobre sí misma que la hacen permanecer fría, distante sobre lo acontecido”. Y basa la acusación no sólo en base a la autopsia. También por el testimonio de las maestras y el de los papás de dos compañeros que supieron que le había dicho a su docente: “Hay veces que mi papá me acaricia”.

La maestra a la que Florencia le contó en 2016 su secreto ratificó ante la jueza que llamó a la madre y al padrastro porque les pedían el pase de escuela para irse a San Luis. En la reunión, les reveló el comentario sobre las caricias y Di Marco le respondió que “la nena mentía”. “¿Por qué no lo denunció?”, quiso saber Palacios. La maestra contó: “Se lo transmitimos a la directora pero ella dijo que no, porque la nena se iba del colegio”. La Dirección General de Escuelas de Mendoza les abrió a ambas una investigación y las suspendió por seis meses.

Los dichos del abuelo materno y de la madre del padrastro también sirvieron como argumento para sustentar la detención de Di Marco. “Florencia decía que cuando se acostaba tenía como pesadillas, que era como que le golpeaban la cama, se la movían”, dijo el hombre y señaló: “Era como si le hubieran hecho algo”. Lo que contó la mamá de Gómez ante el Juzgado de Familia fue clave. La abuela de los tres medio hermanos de Florencia, testificó que Di Marco la trataba “muy mal, le decía prostituta”. Y recordó: “Cuando mi hijo se bañaba, Carina la mandaba con la ropa. Lucas estaba envuelto en toallón y, cuando entraba la nena, cerraba la puerta”.

Hoy los hijos de la pareja están bajo la tutela de familias solidarias. La madre sigue presa y el padre apareció ahorcado en el penal de Pampa de las Salinas luego de que le sacaran sangre para cotejar su ADN con el hallado en el cuerpo de Florencia. Gómez dejó tres cartas, una era para Carina: decía que no había matado a la nena, que la halló colgada en su cuarto y que no supo qué hacer, la subió al auto y la tiró en otro lado porque le iban a echar la culpa.

 

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