Conmoción por la salida de EE.UU. del pacto global del clima

Trump decidió retirar a su país del acuerdo de París.

 

Estados Unidos, uno de los países que más contribuyen al calentamiento global, anunció que abandonará el Acuerdo de París, el principal paraguas para afrontar la lucha contra el cambio climático y uno de los logros diplomáticos más importantes de la historia.

El presidente norteamericano, Donald Trump, anunció la decisión tras meses de especulaciones. Su gobierno, dijo, intentará negociar un nuevo acuerdo “justo” para el país. La decisión generó un enérgico rechazo político en el resto del mundo, la oposición demócrata, medio centenar de alcaldes de Estados Unidos, ambientalistas, líderes empresarios y el ex presidente Barack Obama.

Su gobierno, dijo, intentará negociar un nuevo acuerdo “justo” para el país. “A partir de hoy, Estados Unidos dejará de implementar el acuerdo no vinculante de París y las draconianas cargas financieras y económicas que impone a nuestro país”, anunció Trump, bajo un cielo despejado, en un cálido día primaveral.

“Nos salimos, pero comenzaremos a negociar y veremos si podemos hacer un trato justo. Y si podemos, eso es genial. Y si no podemos, está bien”, resumió.

Con su decisión, Trump cumplió con una promesa de campaña y le brindó un claro respaldo al ala populista y nacionalista de su gobierno, liderada por su estratega político y asesor Stephen K. Bannon, y a los republicanos que han puesto en duda el vínculo entre el cambio climático y la acción del hombre, un fenómeno respaldado por un sólido consenso científico.

Al confirmar la salida de Estados Unidos del acuerdo, filtrada a la prensa en los últimos días, Trump resistió la presión del G-7, China, el papa Francisco, las Naciones Unidas, CEO de varias empresas de primera línea del país y hasta de un puñado de figuras republicanas y su propia hija, Ivanka Trump.

Una frase resumió el motivo detrás de su decisión y, a la vez, el espíritu de su presidencia: “Me eligieron para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”.

El abandono de Estados Unidos del Acuerdo de París pone en duda el liderazgo de Washington en el escenario internacional y atenta contra el emblemático acuerdo firmado en diciembre de 2015: ahora, otros países podrían optar por dejar el convenio o abandonar sus metas, tal como hizo Trump.

El mandatario amplió además la grieta que lo separa del resto de las potencias occidentales, aliados tradicionales de Washington, que han respaldado sin miramientos la ofensiva para proteger el medio ambiente. Alemania, Italia y Francia emitieron un comunicado conjunto para respaldar la ofensiva climática.

Una y otra vez, Trump criticó los términos del Acuerdo de París. Dijo que imponía “onerosas restricciones energéticas” y que sometía a los estadounidenses a “duras restricciones económicas”.

Trump prometió proteger el medio ambiente, un compromiso que contradice sus propias acciones: ha impulsado el uso del carbón, la energía más sucia, y su presidencia ha desmantelado el legado ambientalista de Obama.

“Este acuerdo es menos sobre el clima y más sobre otros países que obtienen una ventaja financiera sobre los Estados Unidos”, fustigó el presidente. “Seremos los más limpios. Vamos a tener el aire más limpio. Vamos a tener el agua más limpia. Seremos respetuosos del medio ambiente, pero no vamos a poner nuestros negocios fuera de trabajo, no vamos a perder nuestros puestos de trabajo”, agregó.

Estados Unidos es uno de los principales causantes del calentamiento global: es el segundo emisor de dióxido de carbono, detrás de China. Un acuerdo entre Pekín y Washington, orquestado por la administración de Obama, había abierto el camino para cerrar el acuerdo de París, sucesor del Protocolo de Kyoto.

A diferencia de su antecesor, el acuerdo de París no es vinculante, un rasgo que le permitía a Trump permanecer en el convenio y, a la vez, olvidarse de los compromisos de Obama. Trump prefirió abrirse.

Con Obama, Estados Unidos se había comprometido a reducir sus emisiones un 26 a 28% por debajo de los niveles de 2005 para 2025, y aportar 3000 millones de dólares a un fondo para los países pobres. Esa contribución, “una vasta fortuna”, en las palabras de Trump, se esfumó ayer.

El objetivo central del pacto es mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2°C, una meta que, de por sí, según el consenso científico, es insuficiente para contener el problema ambiental. Los últimos tres años han sido los más calientes de la historia desde que se comenzó a medir la temperatura global.

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Causa universal
La lucha contra el cambio climático se ha convertido en una causa casi universal. Trump deja a Estados Unidos prácticamente en solitario: de los 197 países que han ratificado la convención de las Naciones Unidas para diseñar la estrategia contra el cambio climático sólo dos quedaron fuera del acuerdo de París: Siria y Nicaragua. Trump sumó ahora a Estados Unidos. De los 194 signatarios restantes del acuerdo, 147 países ya lo han ratificado.

“Las naciones que quedan en el Acuerdo de París serán las naciones que cosechan los beneficios en empleos e industrias creadas”, dijo Obama en un comunicado, que incluyó una frase devastadora para el gobierno de Trump: “Esta administración se suma a un pequeño puñado de naciones que rechazan el futuro”.

Obama dijo que la lucha por preservar el medio ambiente quedaba en manos de los Estados, las empresas y las ciudades. De hecho, ayer, los alcaldes de 61 ciudades del país donde viven 36 millones de personas renovaron ayer su compromiso con la ofensiva contra el cambio climático pese al giro de Trump.

“Vamos a adoptar, honrar y mantener los compromisos con los objetivos consagrados en el Acuerdo de París. Intensificaremos los esfuerzos para cumplir con las metas climáticas de cada una de nuestras ciudades”, indica la misiva firmada por los alcaldes de, entre otras ciudades, Los Angeles, Boston, Nueva York, Chicago, Miami, Denver y Phoenix. “El mundo no puede esperar, y nosotros no lo haremos”, cierra la carta.

Uno de los alcaldes que firmaron fue el de Pittsburgh, Bill Peduto. En Twitter, respondió directamente a la cita de Trump en la cual mencionó su ciudad. “Dato: Hillary Clinton recibió el 80 por ciento de los votos en Pittsburgh. Pittsburgh se mantiene con el mundo y seguirá el Acuerdo de París”, escribió Peduto.

Trump evalúa el fin del deshielo con Cuba
El presidente norteamericano, Donald Trump, está decidido a dar marcha atrás en la política de deshielo concretada por Barack Obama con el régimen cubano, según informó ayer The New York Times. El mandatario, precisó el diario, apunta a desmantelar pieza por pieza el que ha sido uno de los resultados más trascendentales logrados por su antecesor en materia de relaciones exteriores, política que -de hecho- puso punto final a medio siglo de alejamiento entre Washington y La Habana. De esta manera, la Casa Blanca podría volver a introducir limitaciones tanto en los viajes como en las relaciones comerciales con la isla. Trump justificaría este cambio radical como una manera de castigar a Cuba por las políticas del gobierno de Raúl Castro sobre los derechos humanos. El presidente norteamericano tiene la intención, según The New York Times, de anunciar sus cambios antes de fin de mes en un acto en Miami, para cumplir una de las promesas que hizo durante la campaña electoral a la influyente comunidad cubano-estadounidense de Florida.

 

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